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Qué es una comunidad profesional (y qué no lo es)

7 minutos de lectura

Una comunidad profesional es un grupo de personas unidas por una pertenencia común —una universidad, una asociación, una empresa— que se relacionan entre ellas, no solo con la organización que las reúne. Lo que la distingue de una audiencia no es el tamaño ni la frecuencia de los correos: es que la actividad la inician los miembros y la organización solo pone el espacio.

Tienes 2.000 personas en la base de datos. Les mandas una newsletter al mes, organizas dos eventos al año y tienes un grupo de LinkedIn con 900 miembros. Y aun así, cuando necesitas que alguien responda a una encuesta, que se apunte a algo o que recomiende a un antiguo compañero, te contestan cuarenta. Siempre los mismos cuarenta.

Eso no es una comunidad. Es una audiencia con buenos datos de contacto. Y comunicar más a una audiencia no la convierte en comunidad: solo la cansa.

¿Qué diferencia hay entre audiencia, red y comunidad?

Una audiencia recibe, una red conecta y una comunidad hace. Son tres cosas distintas, con dinámicas distintas, y se usan como sinónimos.

Una audiencia recibe. Tú emites, ellos leen (o no). La relación es de uno a muchos y va en una sola dirección. Una newsletter con 5.000 suscriptores es una audiencia, por muy bien que abra.

Una red conecta. Las personas están unidas entre sí por algo —haber estudiado en la misma universidad, pertenecer al mismo sector— pero la conexión es latente: existe, pero no pasa nada con ella hasta que alguien la activa. LinkedIn es una red.

Una comunidad hace. Sus miembros interactúan entre ellos, no solo contigo. Se ayudan, se recomiendan, se citan, montan cosas juntos. Tú ya no eres el centro: eres quien pone el espacio y las reglas para que pase.

La mayoría de organizaciones que dicen tener una comunidad tienen una audiencia sobre una red. Los miembros están conectados por algo real, pero la única relación activa es la que tienen con la organización, y esa relación consiste en recibir correos.

¿Cómo se reconoce una comunidad de verdad?

Por cuatro señales que aparecen cuando tú no haces nada durante un mes: los miembros se hablan sin pasar por ti, existe identidad y no solo pertenencia, hay reciprocidad y el grupo se autorregula.

1. Los miembros se hablan sin pasar por ti

En una audiencia, toda la interacción va de la organización al miembro. En una comunidad, la mayor parte va de miembro a miembro: alguien pregunta, otro contesta; alguien busca, otro presenta. Si todo pasa por tu bandeja de entrada, no es una comunidad todavía.

2. Hay identidad, no solo pertenencia

Pertenecer es estar en la lista. Identificarse es decir «soy alumni de X» o «formo parte de Y» en una presentación, en un perfil, en una conversación. La identidad aparece cuando estar dentro aporta algo que se quiere enseñar.

3. Existe reciprocidad

Los miembros aportan, no solo consumen. Dan una charla, hacen de mentores, abren la puerta de su empresa, comparten una oferta de trabajo. Y lo hacen porque en algún momento recibieron algo parecido. Una comunidad viva tiene un saldo de favores en circulación.

4. Se autorregula

Tiene normas —escritas o no— que los propios miembros mantienen. Cuando alguien hace spam en el grupo, no hace falta que intervengas: alguien lo señala antes. Es la señal más clara de que el espacio les pertenece.

¿Por qué la mayoría de comunidades se quedan en audiencia?

No por falta de interés de los miembros, sino porque la organización, sin darse cuenta, está diseñada para emitir: sus herramientas son de emisión, mide en términos de emisión y no tiene un espacio propio entre evento y evento.

Las herramientas son de emisión. Una plataforma de email, un Excel con los datos y un grupo de WhatsApp donde solo escribe el administrador son herramientas para hablar a la gente, no para que la gente hable entre sí. En Feending lo vemos a diario: de las más de 70 comunidades que han pasado por la plataforma, casi todas llegaron gestionándose con una combinación de Excel, email y WhatsApp.

El éxito se mide en emisión. Aperturas, asistentes, seguidores. Todas son métricas de cuánta gente te escucha, no de cuánta gente se relaciona. Si eso es lo que se mide, eso es lo que se optimiza.

No hay espacio propio. Un evento anual es un momento, no un lugar. Entre evento y evento, la comunidad no tiene dónde existir, así que no existe. Vuelve a ser una lista.

¿Cómo saber si lo que tienes es una comunidad o una audiencia?

Hazte tres preguntas y contéstalas con datos, no con intuición. Si no puedes contestar con datos, esa ya es una respuesta.

¿Qué porcentaje de la actividad del último trimestre la iniciaron los miembros? Si no sabes contarlo, no hay dónde mirarlo, luego probablemente no está pasando.

¿Cuántos miembros han aportado algo a otro miembro en el último año? Una recomendación, una presentación, una respuesta útil. Si son los mismos veinte de siempre, tienes un núcleo activo dentro de una audiencia.

Si mañana dejaras de comunicar, ¿en cuánto tiempo se enteraría alguien? Una audiencia lo nota cuando deja de recibir. Una comunidad lo nota cuando pierde el sitio donde estaba.

Ninguna de las tres respuestas es mala. Son un punto de partida. Casi todas las comunidades profesionales que hoy funcionan empezaron siendo una base de datos con buenas intenciones: UCAM Alumni tenía sus datos repartidos en varias herramientas antes de unificarlos, y hoy segmenta cinco veces más rápido. La diferencia entre las que dieron el salto y las que no, no fue el tamaño de la lista: fue que en algún momento dejaron de preguntarse cómo comunicar mejor y empezaron a preguntarse cómo conseguir que sus miembros se encontraran entre ellos.

De eso va el resto de este módulo. Y de cómo hacerlo con un proceso, en vez de a base de entusiasmo, va el Método Feending: cinco bloques que empiezan por decidir para qué existe la comunidad y terminan por medir si funciona.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos miembros hacen falta para tener una comunidad profesional?

No hay un mínimo. Una comunidad de 80 personas que se relacionan entre ellas es una comunidad; una lista de 8.000 que solo recibe correos es una audiencia. El tamaño influye en la logística, no en la naturaleza.

¿Un grupo de WhatsApp o de LinkedIn es una comunidad profesional?

Puede serlo si los miembros lo usan para hablar entre ellos, pero casi nunca lo es: en la mayoría escribe solo el administrador, no hay perfiles ni segmentación y la conversación se pierde. Son canales de emisión con apariencia de comunidad.

¿Qué es lo primero que hay que hacer para pasar de audiencia a comunidad?

Darle un espacio propio donde exista entre evento y evento, y medir la actividad que inician los miembros en lugar de las aperturas de correo. Sin sitio y sin métrica, cualquier esfuerzo de comunicación vuelve a producir audiencia.

¿Qué tipos de comunidad profesional existen?

Las más habituales son las de alumni de universidades y escuelas, las asociaciones y colegios profesionales, los hubs y aceleradoras, los clubes de empresas y las redes internas de una organización. Comparten la misma mecánica aunque cambie el motivo de pertenencia.

¿Quieres ver cómo se aplica en tu comunidad?

Cuéntanos cómo es tu comunidad y te enseñamos cómo lo hacen otras parecidas con Feending.

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